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Ya tienen destino solidario millones de objetos confiscados a la corrupción
Sábado, 15 de septiembre de 2018
En lo que va de este año, 277 organizaciones sociales de 22 provincias recibieron las donaciones de mercadería que permanecía incautada.

La “Mafia de los contenedores” comenzó a operar en 2014, y se transformó en una enorme red delictiva que hacía negocios ilegales de contrabando de mercadería. Por el caso, hay una importante cantidad de ex funcionarios del kirchnerismo procesados. El delito consistía en ingresar containers provenientes de China con toneladas de distintos productos, pero cuya documentación se alteraba para pagar menos aranceles. Todo eso fue confiscado y desde principios de este año, con la firma de un juez, se autorizó a que ese material incautado a la corrupción sea donado a entidades sociales, clubes de barrio y fundaciones de todo el país.

Matías (12) no sabe que la tela blanca con la que ahora corta y confecciona junto a sus amigos una cortina para el jardín de infantes de la Fundación "Todavía es Tiempo", de Moreno, viene en realidad de un container que estuvo en la aduana durante años y que formaba parte de un negocio millonario de contrabando. Tampoco los cientos de chicos y chicas que durante los últimos meses recibieron mochilas, útiles escolares, ropa, rollos de tela y zapatillas que provenían del mismo lugar.


Todos estos artículos representan 2.730 toneladas de mercadería que ya fue donada, con un valor aproximado de U$S 13.020.000. Para entender la magnitud de esos números, vale decir que con lo incautado se podrían llenar completos dos estadios de River Plate. Entre toda esa cantidad que estaba alojada en 148 contenedores, había un millón de kilos en rollos de tela, 24 mil kilos de alambre, 211 mil kilos de juguetes, 70 mil kilos de libros para niños, 43 mil kilos de bolsos y mochilas, 70 mil kilos de ropa y miles de kilos de otros productos.


En lo que va del año, ya fueron elegidas 277 organizaciones sociales de 22 provincias que ya recibieron las donaciones. Una de ella es una cooperativa textil de La Matanza, a donde llevaron decenas de enormes rollos de tela. Delia, una de las integrantes de esa agrupación, dijo a Clarín: "Con todo lo que recibimos alcanza para vestir a todo el barrio".


El proceso comienza en la Aduana, que pone a disposición del Ministerio de Desarrollo Social el material secuestrado, para que el organismo seleccione las instituciones adonde se destinará la mercadería. Esto ocurrió luego de la decisión del juez de la causa, Marcelo Aguinsky, que permitió que se puedan donar productos de causas judiciales que aún no tienen sentencia firme, aunque se conserva una parte como prueba.

Clarín recorrió algunos lugares donde llegaron los productos. La Fundación "Todavía es Tiempo", donde asisten unas 250 familias, es una de ellas. Ahí, todo se recicla y nada se regala: “Para nosotros estas grandes donaciones son un desafío, porque la intención que tenemos es que la gente que viene acá se lleve algo porque se lo ganó. Porque aprendió un oficio, porque ayudó a ordenar o cocinó. Lo que hacemos es empoderar, no obsequiar porque sí”, cuenta Natalia Díaz, una de las integrantes del espacio.

Allí funciona un comedor, clases de apoyo escolar, huerta y jardinería y talleres de panadería, carpintería, costura y tejido. También preparan sus propias mermeladas que luego venden para la comunidad: “Sabemos que la corrupción mata, por eso cuando nos enteramos que todas estas cosas que recibimos venían de ese ámbito, nos alegró de alguna manera. Le vuelve a la sociedad y a los más necesitados un poco de todo los aspectos en los que fueron vulnerados”, dice Francisco Marcenaro, Director Ejecutivo de la Fundación.

El hombre cuenta la dura realidad de las personas que visitan el lugar. Familias que en sus casas no tienen agua potable ni cloacas, que viven bajo un techo de chapa y que en invierno no tienen frazadas con las que taparse. Familias que en los últimos meses, por la situación económica, entraron en un mayor nivel de emergencia. La escena más fuerte es esa que muestra a una mamá a la espera de que su hija termine de tomar la merienda que se brinda en el comedor de la fundación a las 5 de la tarde: la última comida que tendrá hasta el próximo día.

En el colegio Santo Domingo Savio, en Beccar, las historias son parecidas. A metros del ingreso al barrio de La Cava, tres chicas que ingresan al instituto tienen las mismas mochilas. Son parte de esos productos que habían intentado ser ingresados al país de manera ilegal, pero que fueron descubiertos. En los galpones del colegio quedan todavía lápices, sacapuntas, cuadernos y ropa que se entregará a medida que sea requerido.

“Con todo lo que recibimos pudimos hacer diferentes acciones: realizamos una cena para recaudar fondos en donde rifamos los productos que fueron donados; a los estudiantes que en agosto tenían menos de diez faltas les entregamos un kit con productos escolares y lo mismo para los que no tenían materias previas”, cuenta Roxana Salazar, directora de la escuela. Ante la pregunta de qué siente que lo recibido venga de la corrupción, la mujer usa la palabra alivio: “Se genera cierta equidad y justicia. Somos el último eslabón, pero cuando esto les llega a los más necesitados, todo lo demás toma mayor importancia”.



     
 
 

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